Cactus y Plantas Crasas

Cuando usted esté ya introducido en el mundo de las plantas carnosas encontrará un extraordinario placer en visitar las colecciones reunidas por otros cultivadores. No le será difícil ponerse en contacto con aficionados que dispongan de buenas colecciones, y, además, también a la mayor parte de ios cultivadores profesionales les será grata su visita. De todas formas hay que tener en cuenta que nos encontramos ante un fenómeno de muy reciente eclosión en España, por lo que los centros importantes son, de momento, contadísimos.
La más completa colección de cactos reunida en España se halla en los «Jardines J. Llobera», situados en la falda de la montaña de Montjuíc en Barcelona. Si está interesado en adquirir plantas crasas de difícil localización puede dirigirse a: Garden Center Mitjans, Autovía Castelldefel.s Km. 5,7. Prat de Llobregat (Barcelona).
Creemos que también puede ser interesante para usted disponer de las direcciones recogidas en la versión inglesa de este libro. Así, en un futuro viaje al Reino Unido podrá visitar una serie de importantes centros qué han llegado a reunir maravillosas colecciones. Los centros dependientes de entidades privadas son los siguientes: La «Assington Botanical Collection», Holly Gate Nurseries Ltd., Biliingshurst Lañe, Ashington, Sussex. The Exotic Collection, 1 6 Franklin Road, Worthing, Sussex (hay que concertar la visita de antemano). Otras interesantes colecciones se encuentran en Whitestone Gardens Ltd., The Cactus Houses, Sutton-under-Whitestonecliffe, Thirsk, North Yorkshire, y en Abbey Brook Cactus Nursery, Oíd Hackney Lañe, Matlock, Derbyshire.
Las colecciones públicas que merece la pena visitar son la de los Royal Botanic Gardens en Kew, Richmond, Surrey y el Royal Botanic Garden, en Edimburgo. En algunos municipios de la costa sur del país se celebran muestras veraniegas; las más completas son las de Eastborne y Paington. La más importante exposición al aire libre de todo el Reino Unido es, sin embargo, la de los Tresco Abbey Gardens, Tresco, Islas de Scilly, Cornwall.

Estoy convencido —y puedo proporcionar diversas pruebas al respecto— de que en el cultivo de las plantas crasas los mejores resultados se obtienen colocándolas en un invernadero; en él disponen de una máxima cantidad de luz y puede controlarse de forma estricta la temperatura y el grado de humedad. En cambio, la situación es muy distinta en una sala de estar, pues lo que más nos preocupa en este caso es nuestro propio confort, relegando las plantas a un segundo término. Sin embargo, ello no significa que no podamos dedicar a su cuidado nuestros mayores esfuerzos y no es ningún secreto que muchas personas poseen en el interior de sus hogares especímenes de gran vitalidad y brillantez.
Pero quiero repetirlo: en un invernadero los resultados serán, sin duda, mejores, puesto que en él es posible regular las condiciones con mayor exactitud.
Los modernos invernaderos suelen fabricarse con madera de pino, de cedro o de secoya y, cada vez más, con aluminio. La madera de pino es la materia más barata, pero necesita cuidados frecuentes y se deteriora más pronto que las demás. Los invernaderos de madera de cedro o de secoya son muy duraderos y apenas requieren cuidados, pero es el aluminio el material que hoy en día posee mayor popularidad. Ello se debe a que es extraordinariamente ligero y no necesita mantenimiento. Como protección contra los fenómenos atmosféricos está dotado de una capa anticorrosiva. Los invernaderos que el mercado nos ofrece poseen gran variedad de formas.
Los antiguos invernaderos de tipo adosado gozan aún de cierta demanda. No puede negarse su utilidad si se dispone de un jardín pequeño con una pared orientada hacia el sur.
Pero los invernaderos más populares son en la actualidad los de tipo independiente. Se les orientará preferiblemente en dirección este-oeste para que dejen entrar un máximo de luz durante los meses de mayor oscuridad. Sin embargo, no se preocupe si la situación de su jardín imposibilita esta orientación, puesto que existen también otras posiciones aceptables.
Hay invernaderos con los costados verticales y otros que los poseen inclinados; los más utilizados son los primeros. Sus paredes pueden ser totalmente de vidrio, aunque a menudo las partes bajas se construyen a base de amianto o de madera. Aunque proporcionan un pequeño ahorro de energía, estos últimos no permiten situar las plantas bajo el andamiaje. Por ello me parece preferible la adopción de un invernadero totalmente encristalado, el cual no plantea estos problemas.
Como es natural, existen invernaderos de muy diferentes tamaños. Hay que tener especial cuidado en la selección de la altura; tenga en cuenta que ésta le debe permitir colocarse completamente erecto, así como adoptar una cómoda posición de trabajo. Antes de efectuar la compra asegúrese de que el invernadero seleccionado se acomoda perfectamente a sus necesidades. Existen también a su disposición en el mercado unas estructuras más pequeñas, pensadas para ser colocadas en los balcones, galerías, etc.
Si es usted persona mañosa le recomiendo que compre por separado los distintos elementos y lleve a cabo después el montaje de los mismos: se ahorrará bastante dinero.
Resulta esencial la colocación de un andamiaje, especialmente si hay que replantar luego los cactos en el exterior. El andamiaje suele construirse con hojas de amianto colocadas sobre una estructura de hierro o aluminio galvanizados. También es posible instalar unas sencillas tablas de madera. En la actualidad esta segunda solución es totalmente válida, ya que la mayor parte de plantas se colocan en macetas de plástico que no es necesario enterrar en el suelo. Si además añade usted unas cuantas macetas colgantes,  podrá cultivar sus plantas a tres niveles.
Existen siempre personas pesimistas que no pueden evitar formular objeciones. Sin embargo, le diré que en mi visita al señor Atkinson, un coleccionista que vive en Tunbridge Wells, tuve ocasión de comprobar cómo una colección de más de quinientas especies cabe perfectamente en un pequeño invernadero de aluminio. Las plantas estaban situadas a los tres niveles mencionados y se hallaban en perfectas condiciones. En invierno, el señor Atkinson mantenía una temperatura mínima de S’-‘C.
Vamos a iniciarnos ahora en los problemas relacionados con la calefacción. La potencia que su instalación deberá desarrollar dependerá básicamente del volumen interno del invernadero y de la mínima temperatura a mantener. Ésta debe ser alrededor de los 10 °C. No compre ninguna instalación sin asegurarse previamente de que su capacidad calefactora resultará adecuada para su invernadero.
De los diversos sistemas de calefacción a utilizar, la electricidad constituye una de las formas más adecuadas, pero es también de las más caras.
Dentro de los procesos de control de la temperatura debemos mencionar también la ventilación y la protección de las plantas de la luz excesiva. Al comprar un invernadero debe estar seguro de que la ventilación no ofrecerá ningún problema. Si puede, es interesante acoplarle unas válvulas de entrada de aire. Algunas instalaciones de calefacción llevan incorporado un termostato.
Es de gran importancia disponer de los medios adecuados para proteger las plantas del exceso de luz. Existen a su disposición en el mercado varias clases de persianas especiales, tanto de colocación externa como interna. Estas últimas son las más adecuadas para ser colocadas en los invernaderos domésticos. Un sistema más barato consiste en recubrir las paredes con una pintura especial, pero en este caso el problema se presenta cuando hay que eliminarla para que entre mayor cantidad de luz. Los cristales de textura gruesa resultan mucho más efectivos; la luz se difunde de manera uniforme y se evita la formación de sombras. Le aconsejo que si se decide a convertirse en un coleccionista serio no deje de adquirir un invernadero.

El principiante que intente empezar una colección deberá adquirir sus plantas en las jardinerías o floristerías, en las que normalmente contará con un amplio campo de elección. También es. posible encontrar plantas carnosas en algunos puestos de mercado, tratándose en ciertos casos incluso de vendedores especializados.
Los coleccionistas privados pueden adquirir algunos de sus especímenes a los cultivadores profesionales, incrementando de este modo su colección con ciertos tipos difíciles de hallar.
Los coleccionistas experimentados extenderán su campo de acción verificando intercambios. Ésta es una de las razones de más peso para entrar a formar parte de una sociedad de cultivadores de cactos.

Todo el mundo conoce esta planta tan elegante y decorativa. Se cree que es nativa de México, pero se la encuentra en estado silvestre prácticamente en todas las regiones tropicales y subtropicales. Empezó ya a cultivarse a finales de la edad media. A pesar de que puede llegar a alcanzar un tamaño considerable puede mantenerse en el interior del hogar. Colóquela en un lugar cálido y soleado. En verano no hay inconveniente en sacarla al aire libre. En invierno se puede permitir que la temperatura baje hasta un mínimo de 5 °C, con la condición de proporcionar a la planta muy poca cantidad de agua. Pueden separarse los brotes jóvenes, para plantarlos en macetas individuales, cuando alcanzan un tamaño comprendido entre 8 y 10 cm. Además de las especies normales de color azul-verde existen también las que poseen contornos amarillos o blancos.

Por motivo de su aspecto tan poco usual, esta conocida planta suele combinarse con otras especies en un mismo recipiente.
Tolera bien la acción directa de los rayos del sol, pero debe ser protegida cuando éstos poseen demasiada fuerza. En verano hay que regarla unas tres o cuatro veces a la semana; en invierno, una vez cada quince días es más que suficiente.
La mejor época para cambiarla de maceta es a comienzos de primavera, poco antes de que empiece el período de crecimiento. Puede multiplicarse tanto por división como por esquejes. Se conocen distintas variedades de esta especie, originarias todas ellas de Sudáfrica.

Suele crecer en los alféizares de las ventanas, especialmente en Suiza. Es una de las pocas especies de
cactos colgantes. En condiciones favorables los tallos pueden llegar a tener más de 1 m de longitud.
Es un cacto fácil de cultivar, que no plantea problemas al principiante. Si le administran los cuidados adecuados, florecerá profusamente en primavera; sus flores son bastante grandes y de color rosado. Para conseguir una floración abundante es necesario que la planta disponga de mucha luz. Al llegar el frío esta especie entra en estado latente; sin embargo, durante este período no hay que dejar que se seque demasiado. A medidos de febrero debe colocarse en un lugar soleado.
Durante los períodos de floración y crecimiento necesita disponer de mucha agua.

La familia de las Portulacáceas está representada en este libro por el género Anacampseros. Las especies que abarca este género son muy difíciles de cultivar y sólo se las encuentra en las colecciones importantes.
La especie de la ilustración es una planta carnosa que produce gran cantidad de hojas. Las flores, de color lila, se mantienen durante poco tiempo en el extremo de sus largos tallos. Algunas especies de Anacampseros, como la Anacampseros papyracea, poseen un colorido protector. Así, sus tallos blancos, recubiertos por innumerables brácteas, se confunden fácilmente con los terrenos cuarcíferos que constituyen su habitat natural.
Estas especies necesitan un terreno poroso. Puede regarlas muy de cuando en cuando en verano y suspender el proceso en invierno.

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